domingo, 20 de junio de 2004

Vamos dándole a la sin hueso !

Querido Eusebio !
                                 Gracias por llamar a la mesura en nuestras relaciones Lumumberas. Al mismo tiempo nos endilgas por un desfiladero, al proponernos opinar sobre un tema requetecontra espinudo. Opinar sobre el sistema socio económico que refleje las aspiraciones de igualdad y justicia social para todos los pueblos. De haber existido un teórico que hubiese dado respuesta a estas interrogantes, se habría ajudicado todas las medallas de oro existentes y por acuñar en todo el mundo. En cualquier caso no fué el pelao Lenin ni ninguno de los utopistas. Los pensadores que desmenusaron al capitalismo pre monopolista o tradicional, tampoco lo podían hacer con los rudimientos de entonces. Y ahora, en un mundo globalizado, con fuerte inclinación egoísta de las grandes naciones, se complica el problema en extremo. Los teóricos de nuestra américa, desgraciadamente, aún persisten en llamados revolucionarios inpracticables. En movilizar a las masas en torno a programas en donde el caudillismo sigue jugando el rol predominante. Aqui me refiero al problema del poder y a su práctica revolucionaria. En dividir a los pueblos entre gobernantes y gobernados. Cuando la revolución entregó el poder a los consejos (sóviets), la balanza se inclinó al final de cuentas en contra de los gobernados. En suma, diría yo, para empezar el análisis, el hombre, en términos genéricos, fué el eslabón que paulatinamente fué cambiando el norte y las intenciones de establecer una sociedad participativa socialista. Usualmente comparo el desglose con la aparición del cristianismo. Al comienzo fuimos todos hermanos o compañeros, luego se apoderaron del proceso los "pristers" o jefes de oración, luego aparecieron las diviciones de la cúpula en curas, obispos y finalmente el gran obispo. Ya no le podíamos decir hermano, sino señor cura, luego reverendo, más tarde eminencia, hasta llegar a su santidad. Las distancias fueron creciendo y de la igualdad inicial no quedó practicamente nada. Cuando no se guardaron estas distancias, apareció la violencia, las cárceles, los campos de trabajos forzados y los patíbulos de fusilamiento. La distribución de la riqueza fué igualmente cambiando de nombre y de geografía. Los gobernados empezaron a perder paulatinamente sus derechos e incluso perdieron lo más sagrado. El derecho a disentir, razón primaria que hizo posible la revolución. El azote indescriminado de la propaganda panfletaria redujo a los gobernados a marionetas, empezando estos a agradecer a los gobernantes la piedad de permitirles seguir respirando. Los convencieron de que una razón divina los mantenía en vida con los medrugos de pan que se les escapaban de las manos a los gobernantes. Si bien parece una exageración lo que digo, bien vale preguntarse las razones por las cuales fuimos perdiendo más y más el dominio de ser los actores principales en los cambios fundamentales. Entregamos todo el poder a los gobernantes y fuimos con ello reducidos a mutantes, destinados a cumplir los sabios consejos que emanaban de las cúpulas obnipotetentes. Las masas restituyeron su condición de marionetas y la revolución finalmente se fué a las pailas. Quien de nosotros está dispuesto a entregar el alma después de esta experiencia ?. Muy pocos, diría yo. Particularmente aquellos que sueñan con ser gobernantes o sus asesores. En el capitalismo contemporáneo las lecciones se aprendieron de alguna manera. Si bien las relaciones de producción y consumo se mantienen en lo esencial, las libertades democráticas no han sido del todo restringidas y queda, con muchas exepciones, el derecho a pataleo. Que ha veces este derecho a pataleo sea ínfimo o fuertemente restringido, es otro cuento. En términos de economía nacional, tenemos fuerza y derechos para desenmascarar el abuso y el atropello, más no en todas las naciones de este perro mundo. La sociedad ideal no es ni será posible. La corrupción es algo vivo y es una de las particularidades más manifiestas del ser humano. Entendiendo por corrupción no solo el manejo oscuro del producto del trabajo de las masas, sino también la corrupción política, en terminos de cerrar el tarro cuando habría que levantar las voces de denuncia. Lo hace Julián Alcayaga en la defensa del patrimonio y dignidad nacionales del pais Chile, pero estoy seguro que a más de algun ex compañero de partido de Julián no le gusta. Igualmente no le gustaba a mucha gente que denunciara el carácter fascista del régimen soviético. Como que se nos ha olvidado el pasado reciente. En america latina se habla de nuevos tiempos y de nuevas oportunidades, pero en lo concreto se trata de las mismas oportunidades del pasado, con careta distinta, naturalmente. El socialismo real que conocimos en la Unión Soviética desapareció como por arte de magia. Los gobernantes de ayer, con escasas exepciones, son los magnates y oligarcas de hoy en Rusia y en las ex republicas socialistas soviéticas. Sin siquera conmoverse de la miseria de sus pueblos, aún inmovilizados por setenta años de escuchar que no necesitaban pensar, para eso estaba el sabio partido que todo lo veía. Como dicen hoy los cristianos : deja al rico que disfrute del producto de tu trabajo, Dios todo lo ve y recibirá su castigo en el reino del señor. Es decir, el corolario antiguo : dad al césar lo que es del césar. Claro que podemos cambiar muchas cosas y denunciar las arbitrariedades y el saqueo que sigue su marcha de los pueblos en desarrollo. Los pueblos del quinto mundo ya se entregaron a su suerte. Para ellos no hay Lobby ni solidaridad. Nosotros, un continente de fuertes tradiciones de lucha, mucho podríamos cambiar, pero siempre y cuando se establezcan vanguardias con atribuciones claras y comprobables. El tema es interminable, querido Eusebio. Personalmente no creo que existe en el corto plazo una alternativa al capitalismo real y explotador. Sin ser ecléctico, pienso que mientras se desenrrolla la madeja, es posible hacerle algunos arreglos antes de iniciar una aventura con los caudillos del pasado, pero que aún se mantienen en las superestructuras de poder. No al absolutismo de izquierda o de derecha. No a los secretarios generales o a los generales de ejercitos regulares, no a los aventureros ni a los terroristas. Si a una democracia representativa bajo el imperio de la ley y de la constitución. Aquí me refiero a una constitución refrendada por consulta nacional. No tan solo por los representantes de esa democracia representativa, sino con un pueblo conciente. No a los paredones ni a los juicios sumarios. No a los que quieren gobernar en nuestro nombre, pero sin preguntársenos. Los ideales se mantienen incólume. Nustra solidaridad para las luchas de los pueblos victimas de la agresión, inclaudicable. Para mis compañeras y compañeros de la Lumumba, mi abrazo de OSO, con la fraternidad de siempre.
Ren챕
H체rth, 20.06.2004.- 

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