jueves, 5 de abril de 2007

En Valparaíso

Sí, nos vimos en el 7º piso y nos dimos un gran abrazo, "en vivo y en directo", como dice Carcuro. Conversamos cosas triviales y recuerdos. Ví en Marcos una persona sólida, física, intelectual y emocionalmente. Alguien con quién vale la pena conversar. Recordé lo que ha escrito, su viaje a Moscú y su encuentro con su juventud, con la bella -antes y ahora- Victoria y con Oleg, el adolescente marino herido que recaló en  Valparaíso y se encontró con una voz solidaria; sus historias de subterráneos en Vietnam, donde la tecnología y el gran despliegue material se encontraron con corazones irreductibles, con bicicletas que derrotaron a los grandes transportes aéreos. Hablamos de El Purgante, voz que se amplificó más de lo esperado, y que se puso demasiado serio, alejándose de la idea primaria de Marcos de acoger voces dicharacheras, de las dificultades de estimular nuevas plumas inspiradas sólo en el deseo de recordar, contar, sin temor a ponerse sentimental y hablar de tangos, minas y la cuestión social; del efecto acostumbramiento que ha despertado El Purgante, al cual tantos acuden a menudo, pero que pocos alimentan. Espero este sábado para juntarnos en El Cinzano con Marcos, sus hijas, mis esposa y mis hijas, para que la nueva generación escuche los recuerdos y cabezas de pescados de los viejos que se resisten a serlo y toman por asalto los nuevos medios de comunicación.
 
En El Cinzano ya he estado con Juan Escobar y Bernardita (쩔nos habr찼 perdonado Bernardita nuestra irrupci처n de juventud en aquella ocasi처n, que nos llev처 hasta la madrugada?), Gabriel Barra, Reinado Samuel Sandoval, Juan Camus, y ninguno resisti처 la tentaci처n y sali처 a bailar en ese estrecho pasillo...
 
Hasta este s찼bado, Marcos.

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