lunes, 30 de octubre de 2006

Políticos, sicólogos, siquiatras

Pol챠ticos, sic처logos, siquiatras


Hay un cierto porcentaje de servidores públicos que hacen daño al contenido y a la imagen de la cosa pública. Son algunos de los “políticos profesionales”, aquellos que, por problemas curriculares, capacidades profesionales y/o genéticas, uno que otro tornillo suelto, se adhieren a este tipo de actividad y parecieran no tener ni sombra de alternativa.

Es fácil imaginar que los políticos profesionales deben ser un campo fértil para el estudio de las ciencias del comportamiento humano. La escena política es una mezcla de jardín infantil y casa de orates. Los ciudadanos más tranquilos, ponderados, reflexivos, analíticos, sensibles a los contextos y al devenir, corren serio riesgo de convertirse en semi-imbéciles cuando entran en la arena política. La “l처gica del poder” arrasa casi por completo con el buen criterio y el sentido común. Pareciera que la política es un catalizador que revela rasgos sombríos de la personalidad.


Lo caracter챠stico de la actividad pol챠tica realizada por pol챠ticos profesionales (que lo pol챠tico es mucho m찼s amplio, significativo y noble que esta manifestaci처n) es que, generalmente, no hay toro y hay muy poca arena. De manera que los se챰ores pol챠ticos (en su mayor챠a, con cada vez menos excepciones) deben crear y representar simult찼neamente al animal y a su antagonista. Nadie pagar챠a por asistir a este circo indigente. El problema es que existe una relaci처n incestuosa entre este 찼mbito y la mediocre prensa nacional, del mismo tipo que la existente con la far찼ndula. Tetas e imbecilidades ayudan a vender ejemplares y a aumentar o mantener rating. De manera que los tenemos en diarios, revistas, radio, TV. En este ejercicio, el periodismo sale mal parado, aunque sus contadores y propietarios est찼n satisfechos.


Tal como lo demuestran dos libros de reciente publicación en este país- “Freakonomics” (Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner) y “Que gane el mas mejor: m챕rito y competencia en el Chile de hoy” (Eduardo Engel y Patricio Navia)- grandes males a veces tienen causas elementales y requieren respuestas sencillas. En este caso, se requiere mayor renovación de este personal público. Y la mejor y más rápida manera de conseguirla es limitando el número de períodos de reelección. Se ha presentado un proyecto de ley en este sentido en la Cámara de Diputados. No será fácil lograr su aprobación: el autosacrificio es un artículo raro en estos medios. Sin embargo, la inercia tendría un alto costo: continuar con la degradación de la evaluación de la democracia que hacen los ciudadanos (y, por lo tanto, indiferencia y escasa participación) y mantener elevado riesgo de corrupción.


La pol챠tica debe ser una instancia de servicio p첬blico y no una carrera.

1 comentario:

  1. Este punto que analiza Pato Ayala es muy acertado. Los electricistas necesitan licencia, los gastiferes la requieren. Todos los profesionales necesitan un titulo, una licencia para trabajar. Hasta los abogados, profesionales del chanchullo y la mentira estan sujetos a ciertas regulaciones de la profesion. Solo los politicos son impunes, no necesitan permiso para mentir, estafar a sus electores y hacerse elegir con enga챰os. Evitar la reeleccion seria una forma, pero hacerla afectiva tambien con los Presidentes, de todos los paises. Reelegir un presidente, por bueno que sea, solo invita a fomentar la corrupcion politica. Tiene razon Pato Ayala, pasaron los tiempos del servicio publico, cuando cierta gente de otro planeta se enorgullecia de servir a su pais y salir del cargo con la misma o menos plata con que llegaron. Hoy, los politicos se hacen odiar en todos los paises, llevandose a la casa los bienes de quienes dicen representar. Como seria de peor en las dictaduras, donde ni siquiera necesitaban ser elegidos.  

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