miércoles, 19 de septiembre de 2007

Del Blog de Patricio Ayala

NO ME INTERESA CHÁVEZ, PERO…

El presidente de Venezuela se ha convertido en un personaje controvertido por sus dichos y actos. A su respecto y a su proyecto político, que es lo importante, es difícil encontrar informaciones y análisis medianamente objetivos. Es la pasión la que domina. Se le ha convertido en ícono del mal, para unos, de luchador social y portador de esperanzas para las masas irredentas, para otros. Caricatura por lado y lado. Hay tanto ruido ambiente, y aullidos que no interesa entrar a esta arena polèmica. En ese sentido, no me interesa Chávez, pero…

No me interesa Ch찼vez, pero preocupa que, una vez m찼s, caricatura mediante, en la discusi처n se rechace subliminalmente toda idea de cambio social, de b첬squeda de mayores grados de equidad, de participaci처n ciudadana, sin hablar, naturalmente, de protagonismo. Ideas y argumentos generalmente prefiguran pol챠ticas, para confirmar e institucionalizar realidades ya presentes: la exclusi처n.

No me interesa Chávez, pero preocupa que, una vez más, caricatura mediante, junto con el agua sucia de la tina se arroje al bebé. Así, se demoniza el rol del Estado en el crecimiento económico y, sobre todo, del desarrollo económico-social, obviando la realidad a nivel mundial desde hace cinco décadas, para poner un horizonte temporal. Prácticamente no hay “milagro económico” que pueda explicarse sin la intervención del Estado (Japón, Alemania, países asiáticos, dictadura de Pinochet, etc.).

No me interesa Chávez, pero preocupa que, una vez más, caricatura mediante, se ignore en qué grado, con qué frecuencia, efectivamente la democracia tiene rasgos de formalismo (ver el Índice de Desarrollo Humano de cualquier año), a los cuales se limitan los grupos de poder, los mismos que no vacilan en lanzarla al tacho de la basura cuando los desposeídos la toman en serio y tratan de utilizarla para mejorar su destino. Hasta ahora, Chávez ha ganado ampliamente todas las elecciones en que ha participado con abundancia de observadores internacionales. Obviar este hecho, conduciría a olvidar la experiencia chilena al menos en dos aspectos, que no son los más importantes, pero que son significativos: 1) la condena de Nixon y Kissinger a la “irresponsabilidad” de los chilenos de haber elegido a Allende, y la decisión de “hacer aullar a la economía chilena”, intervención y sabotaje mediante; 2) la capacidad de los poderosos para utilizar la guerra sicológica, mentir, engañar, subvertir, utilizando prensa y mano ajena, de utilizar “todas las formas de lucha”, recabar la intromisión extranjera, utilizar las leyes del mercado y la psicología de masas para crear desabastecimiento, inflación y un estado permanente de inquietud y zozobra en la gente, preparar las “condiciones objetivas y subjetivas” para el golpe final, etc. Lo primero que hizo la oposición a Chávez en la intentona golpista hace unos años fue cerrar el parlamento, es bueno recordarlo. En Chile, el golpe del 73 se decidió cuando se vio que las urnas no eran la solución para la derecha.

No me interesa Chávez, pero preocupa que, una vez más, caricatura mediante, se haga abstracción, no se reflexione, sobre el eventual desenlace de este drama que aún no alcanza su paroxismo. No creo que Chávez quiera irse voluntariamente. El fuego que ha encendido en las almas y los corazones de sus partidarios no puede extinguirse simplemente con un cambio de autoridades, con un “golpe limpio”; la historia de América Latina parece indicar que se requerirán cárceles, cementerios, cadáveres sin tumba conocida, exilios; vejar la democracia, enviarla al tacho, para supuestamente “restaurarla sobre bases nuevas”. Venezuela bajo el gobierno de Chávez está en la situación del tipo que tenía un cuchillo enterrado en el pecho: si se lo dejan, se muere; si se lo sacan, lo matan…

No me interesa Chávez. Su brutalidad en las formas, su práctica política, crean muchos temores. En un momento dado, chocará con la brutalidad criminal de la derecha, con tanta experiencia histórica acumulada en ello, con tantas dictaduras (para nombrar sólo algunas: Antonio Guzmán Blanco, 1870-1888; Juan Vicente Gómez, 1908-1935; Pérez Jiménez, 1953-1958). Los ciudadanos “pagarán el pato”.

No soy partidario de Ch찼vez. Su pr찼ctica est찼 consiguiendo lo mismo que las dictaduras: alejar perspectivas de pol챠ticas de progreso consistentes en el continente. No es Allende, no es el Che, no es Castro. Es un elefante embriagado en una cristaler챠a. Las tragedias griegas no est찼n a la moda. Tampoco adscribo a sus enemigos, defensores de los signos exteriores de la democracia hoy (que no han sido violados), verdugos ma챰ana. Lo bueno que est찼 recibiendo el pueblo venezolano hoy, se le har찼 pagar con sangre ma챰ana.

No me interesa Chávez. No me interesan quienes hoy temen por su riqueza. Me interesa el pueblo venezolano, el devenir de nuestra América Latina, tan pobre, tan poco equitativa, tan preñada de violencias desde hace siglos…

Muy probablemente, la cuadratura del c챠rculo se resolver찼 una vez m찼s sobre las esperanzas de los postergados.

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