martes, 2 de octubre de 2007

Las ruinas de la Habana.

 

Queridos Lumumberos !

                                         En el canal Franco-Germano de televisión “arte”, se transmitió un documental de casi dos horas sobre las ruinas de la Habana. Los periodistas y camarógrafos de conocida filiación de izquierda, quisieron documentar la riqueza arquitectónica de la Habana tradicional antes que el tiempo termine por desplomarla definitivamente. No se trata, en consecuencia de mercenarios al servicio del imperialismo Yanke, de gusanos que le hacen el juego a los enemigos de la revolución Cubana ni de vende patrias que quieren desacreditar los logros en estos casi 50 años de gobierno revolucionario. Ya habían estado en la capital de Cuba hace diez años, pero no habían logrado adquirir los permisos para las filmaciones. Esta vez llegaron con toda la documentación al día y pudieron filmar sin dificultades. Partieron con el barrio Colón, la zona donde están los edificios más emblemáticos de la Habana tradicional. Los suntuosos edificios de la principal avenida se parecían a los esqueletos de las edificaciones de Alemania después del bombardeo de los aliados a finales de 1945. Solo los primeros pisos mostraban puertas y ventanas. En el pomposo teatro “campoamor”, encontraron a su único morador : Antonio. Decía ser el “plomero” del edificio, después que se instaló en uno de los pisos, desprovisto de todo lo que pertenece a un edificio residencial : agua potable, gas o electricidad. Como no tenía donde vivir, pidió a la ciudad el permiso para instalarse y amontonar las ruinas que se desprendían de cuando en vez desde los pisos superiores. Curiosamente se lo otorgaron. Contó que una vez llegando a su “casa”, encontró un trozo de hormigón de casi 200 kilogramos en su colchón. “soy el dueño de los palcos, de los balcones, de los escenarios y de los escombros”, “De los sueños y de las esperanzas, de las juventudes que se fueron, de las nostalgias y soy dueño también de la resignación”,  decía. Luego habló de las ruinas de Roma, de Grecia, de Tunes y de Egipto, pero que contrastaban con las ruinas de la Habana en el sentido que cuidarlas era responsabilidad del estado, aparte de que esas ruinas no tenían inquilinos. En las ruinas de la Habana vivían miles de ciudadanos a la espera del desplome definitivo de sus estructuras. La avenida tenía solo dos faroles para los 6 Km. de su longitud. Paralelamente se mostraban los edificios y la misma avenida en tomas fílmicas de 1959. Los vehículos del transporte colectivo se amontonaban en la avenida bajo un vendaval de luces y de gente, contrastando con las imágenes de la Habana actual. Cuando llegó la penumbra, miles de sombras sentadas en las veredas, esperando la llegada de un milagro que cambiaran sus destinos. Nadie dijo nada cuando los periodistas preguntaron los detalles de su vida en las ruinas de la Habana. Dijeron que era una pregunta política y no querían dificultades. La casi totalidad de los edificios están habitados. Solo algunos están protegidos con anuncios de peligro de muerte para los que quieran recorrerlos. Los techos de los edificios habitados se desplomaron hace más de 25 años, según dijeron. En los huecos de lo que fueron las ventanas, algunas mujeres colgando la ropa recién lavada. En una escalera con el pasamanos tambaleante, apenas colgado de los restos del acero desnudo del hormigón, dos muchachitas mulatas cargando sendos baldes de agua. Es domingo, dijeron y no hay en consecuencia agua en los grifos. Los cargaron de un pantano de las cercanías para no tener que esperar hasta el martes. Los ciudadanos sentados al borde de las veredas, advirtieron que tuviesen cuidado con los cráteres de las calles cuando pusieran en movimiento los vehículos que cargaban los equipos. Antonio era el encargado de cuidar y reparar un ascensor de un edificio vecino, como el suyo, en ruinas. Luego llegaron a una finca que albergaba a su antiguo dueño. Dijo haberse quedado en Cuba porque cuando le expropiaron su finca de diez hectáreas, lo autorizaron a seguir viviendo en su casa, siempre y cuando atendiera los frutales y no cosechara por su cuenta los más próximos a su vivienda. Como el control de esto último parecía imposible de controlar, llegaron un par de guerrilleros y le dinamitaron 30 árboles de mangos cercanos a la choza. Fue la única queja de su anciana esposa, desdentada como él. Luego, después de una penosa recorrida por las ruinas habitadas de la Habana, llegaron al barrio muestra de la revolución cubana : Alamar. En ese mismísimo lugar llegó Fidel Castro a colocar la primera piedra y para anunciar el despegue del plan “una casa para todos”, hacía casi treinta años.  Los edificios construidos con paneles de una f찼brica donada por la ex Uni처n Sovi챕tica, segu챠an en pi챕, aunque seriamente da챰ados,  solo que separados unos de otros por montañas de deshechos y escombros en donde juegan los niños del barrio. Entre ellos también zaguanes de agua inmunda, plagada de bichos raros y de botellas de plástico y cartones. Los edificios no fueron reparados por el estado ni tampoco sus pobladores pudieron hacerlo. Los escuálidos sueldos y la falta de material de construcción dictaminan que deben correr la misma suerte que los suntuosos de otros tiempos. “Es la resignación”, decía un poeta de unos 30 años de edad, que no podía publicar sus versos ni sus novelas. El recorrido terminó a las dos de la madrugada de Alemania, pero no pude conciliar el sueño. Los destinos de esa gente alegre y dispuesta a encontrarle la parte buena a sus vidas, me dejó pegado en el asiento. Tampoco podía explicarme que cuba, teniendo tanto médico, dejara que sus habitantes ambularan sin dientes, con las extremidades afirmadas con trozos de madera, con sillas de ruedas de madera, con ancianos lavando sus camisas por las noches para poder salir al trabajo con ropa limpia al otro día, preste asistencia internacionalista en otras latitudes sabiendo que en sus casas ronda la miseria y el desánimo.  Independientemente de las razones, el documental mostr처 sin tapujos, la derrota de la administraci처n de Fidel Castro. No fue la intenci처n de los cineastas ni de los periodistas que los acompa챰aban, naturalmente, pero no les dej처 otra alternativa. Siempre hablaron del bloqueo criminal de Estados Unidos de Am챕rica y de los pa챠ses europeos, pero se not처 la amargura  de sus autores a la hora del adi처s de la Isla. Un fuerte abrazo a todos, con la fraternidad de siempre.

Ren챕

Alemania, 02.10.2007.-

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